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Tiendas de culto
El País Semanal [EPS]
Agosto 2003

Escrito por Juan Cueto
[Transcripción]

El sitio más visitado de New York, y no sólo por los turistas, ya no es el Metropolitan, el Guggenheim o el Museo de Arte Contemporáneo, MoMA, ahora trasladado provisionalmente al barrio obrero de Queen; ni tampoco son los últimos pisos del Empire State Building o de cualquier otro rascacielos de película. Eso es el pasado de Manhattan en versión subtitulada de Woody Allen. Lo primero que ahora hay que hacer en Nueva York, nada más dejar la maleta en el hotel, es decirle al taxista con turbante indio: "Vamos al epicentro". De la misma manera que en otros tiempos y según las décadas bastaba con decir lacónicamente el MoMA, la Factory, Studio 54, Cats, el show de David Letterman y otros lugares de culto.

Pero si el taxista no se confunde con lo del epicentro, nosotros podemos armarnos un lío con el nuevo vocablo turístico de Manhattan y creer que se trata de la ya típica peregrinación a ese punto desvastado que señala el foco sísmico del terremoto que conmocionó el globo el 11 de septiembre. El Ground Zero también es un epicentro, y muy visitado, de acuerdo. Pero hay otro epicentro en Nueva York, y es la tienda de ropa que el arquitecto holandés Rem Koolhaas diseñó para la milanesa Miuccia Prada, en el Soho. Un nuevo foco sísmico, esta vez del consumo del lujo global, que los autores han bautizado precisamente como epicentro para superar los viejos conceptos de centro comercial, boutique, store o tienda.

La gente hace cola ante el epicentro de Prada, que no tiene rótulos en la fachada (¡no logo!), para sentarse en las escaleras y ver entrar y salir a los famosos que acuden a hacer shopping compulsivo agarrados a sus visas oros, mientras las cabinas multimedia de las top models, colgadas del techo, hacen lentos travelling aéreos por el local. En lugar de espejos, en los probadores transparentes hay tres pantallas no sincronizadas en tiempo real para verse el cuerpo desde todos los ángulos posibles y con unos dramáticos segundos de retraso. Ni siquiera Warhol, que empezó de escaparatista, pudo imaginar un lugar así, tan modélicamente warholiano. El espectáculo ya no está en comprar cosas de marca, sino en mirar y chismorrear cómo lo hace la gente más o menos famosa, el todo Manhattan.

Prada en Manhattan
Tienda Prada en Manhattan

No es el shopping en sí, que también, y Prada es Prada aquí o en Tokio. Es una nueva etapa: ahora lo verdaderamente chic es permitirse el lujo del vouyerismo del consumo de lujo en un espacio firmado por la vanguardia arquitectónica del momento, por el europeo Koolhaas en este caso. Ya no se trata de asistir al desfile de las estrellas sobre las alfombras rojas en los estrenos de Hollywood o de verlas subir y bajar las escaleras del gran hotel de moda, cómodamente sentados en el vestíbulo. Ahora hay que pillarlas consumiendo en su salsa lujosa y reflejadas en las tres pantallas del probador. Sin olvidar que el epicentro europeo de Prada en el Soho también, entre otras cosas, es una de las sedes del gran proyecto cinematográfico de Robert de Niro, el emergente Tribeca Film Festival.

Pero el euroterremoto Prada+Koolhaas no sólo sacude Manhattan. El mes pasado ocurrió el mismo fenómeno sísmico en Tokio, que también sabe de epicentros. Esta vez, la diseñadora milanesa se alió con los no menos célebres arquitectos suizos Herzog y De Meuron, autores, entre otras famas de visita imprescindible, de la nueva Tate Gallery de Londres. El resultado de esta nueva contaminación entre la arquitectura más elitista del momento y el negocio comercial por excelencia, el shopping, tampoco es una tienda más, aunque los maestros arquitectónicos del siglo pasado, tan puristas, pongan el grito en el cielo por estas mezclas de la vanguardia con lo más comercial y que empiezan a ser los signos del nuevo milenio. Es una nueva forma de arte actual: es un bellísimo edificio en forma de cristal con fachada reticular con centenares de paneles, todo transparente, en el barrio de Aoyama, la rive gauche nipona, en el que tampoco se puede entrar porque las masas, como diría Ortega con indisimulado fastidio, "lo llenan todo". Si el epicentro no estuviera abarrotado en su interior, sería un edificio singular más, de esos que nacen, se reproducen con buenas críticas en las revistas de Milán y después se olvidan, deterioran y mueren.

Pero lo que han entendido gente como Koolhaas, Herzog, De Meuron o Renzo Piano (no olvido el edificio para Hermès en el barrio de Ginza, también en Tokio) es que las arquitecturas vacías no tienen el menor interés. De la misma manera que Miuccia Prada, como vieja trotkista, entendió que sin echarle vanguardia a la moda, las tiendas sólo llenas no valen nada. De todas las maneras, la noticia de estas nuevas tiendas de culto está en otro lado del discurso. Por primera vez, los europeos estamos consiguiendo hacernos un sitio en el globo. No todo iba a ser colonización norteamericana del cine, la televisión, la música, o Internet.

Esta provocadora contaminación entre los arquitectos europeos de lujo y las marcas del lujo europeo (nuestras verdaderas y únicas "majors") está haciendo por la Europa unida mucho más que cien comisiones de Bruselas volando. Esas tiendas europeas están logrando convertir Nueva York en Euroyork, y Tokio, en sucursal de Eurolandia. Yo confío mucho en alguna de nuestras marcas, Camper y Zara por ejemplo, para invertir la tendencia colonizadora. Nuestras tiendas de culto deberín estar patrocinadas por el Instituto Cervantes.

[Fin de la transcripción]

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Detalle de la tienda de Prada en Nueva York

Prada en Nueva York, de culto

De culto, como se puede apreciar en la imagen superior y en el aspecto de la fachada.

Sí durante años la página web de Prada tuvo un único mensaje coming soon, en los últimos tiempos no han aparecido frases nuevas ni tampoco nuevas intenciones.

© Prada

Para algunos expertos del marketing, esta actitud no interactiva de Prada significaba tambié una estrategia de culto. Para otros, principalmente adictos y fanáticos de la marca, supone una carencia irremediable.

El resto de los usuarios de las grandes marcas de lujo estarán convencidos, probablemente, que tal actitud no interactiva no sea una estrategia en sí, sino más bien, una ausencia de un líder capaz de dirigir el rumbo de la marca en el maleable entorno virtual.

¿Qué sorpresa guarda Miuccia Prada?

ACTUALIZACIÓN

Respecto al Museo de Arte Moderno de Nueva York nombrado en el artículo escrito por Juan Cueto, conocido como MoMA, acrónimo en inglés de Museum of Modern Art, ya disfruta de su nuevo aspecto exterior e interior, en el número 11 WEST de la calle 53 en Manhattan.

© The Museum of Modern Art

Su desalojo parcial y temporal al popular barrio de Queens, enLong Island City, temporalmente denominado MoMA QNS, ha servido para ofrecer desde el pasado mes de noviembre de 2004 a los amantes del arte, un renovado y ampliado espacio de exposiciones.

El nuevo edificio que ocupa el MoMA, ahora da una mejor impresión de estar diseñado para "exponer" en sus galerías obras maestras de pintura, escultura, y otras disciplinas suntuarias. Su renovación, justo al celebrarse el 75 aniversario del museo, ocupa ahora una asombrosa infraestructura pensada por el arquitecto japonés Yoshio Taniguchi, en cuyo interior no existen muchos indicios de ostentación ni lujo. Simplemente, el arte lo llena todo.

Conocido por diseñar espacios amplios y luminosos con líneas diagonales, Yoshio Taniguchi también se recreó en el ampliado jardín de las esculturas o "The Abby Aldrich Rockefeller Sculpture Garden", preservando el diseño original de Philip Johnson en 1953, para recuperarlo como un gran espacio público.

Imagen del jardín. © Fotografía de Project for Public Spaces, Inc.
Imagen del jardín

Tras cuatro años de reformas, ahora pasear o escuchar jazz en el jardín y entrar en The Modern a probar las exquisiteses del Chef Gabriel Kreuther, forman parte del nuevo estilo neoyorquino.

The Modern

Vistas al jardín del museo desde The Modern Bar & Dining Room
Vistas al jardín desde The Modern

Noviembre de 1929

En noviembre de 1929, Lillie P. Bliss, Mary Quinn Sullivan, Abby Aldrich Rockefeller, y otras cuatro personas fundaron el primer museo dedicado exclusivamente al movimiento artístico moderno. 75 años después, nace P.S.1 Contemporary Art Center, un espacio afiliado al MoMA, y cuyo objetivo es dar cabida a los movimientos alternativos del arte mundial. La historia también se renueva.

P.S.1 Contemporary Art Center

SUGERENCIA

El museo del MoMA presume de tener una de las tiendas más coquetas en lo que a museos se refiere. Y también en internet. En esta tienda, uno puede encontrar curiosas sorpresas...

Paraguas diseñado por EFM y Tibor Kalman

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