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Las famosas y ricas minas de Golconda y de otras regiones de la India fueron durante siglos las fuentes que proveían de diamantes a los afortunados poseedores del fuego eterno. Se conocían otros cercanos yacimientos aluviales como el situado en Kalimantan, Borneo, pero durante cientos de años en Occidente se consideró la creencia de que pudieran ser auténticas lágrimas de estrellas.
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Composición del diamante
Dureza del diamante
Para llegar a Occidente, los diamantes viajaron por las rutas terrestres que se adentraban por la hermosa Venecia, pasando antes por lugares como Turquía, Arabia, Persia, o más al sur, por Egipto y Etiopía. Desde Venecia llegaron hasta la belga Amberes, ciudad que pronto acogería a los lapidarios de la época, reverentes del grande Vincenzo Peruzzi, el primer lapidario que talló un diamante. Pronto Amberes se hizo puerta de entrada de los diamantes hacia el mundo occidental, provenientes desde Venecia y posteriormente de ciudades coloniales como Lisboa y Londres.
Acontecimientos históricos provocaron la dispersión de los primeros gremios de artesanos por ciudades de toda Europa, siendo Amsterdam el predilecto lugar de acogida, ciudad siempre dispuesta a justificar un recibimiento liberal a cambio de una severa política fiscal. Desde estas ciudades europeas se vislumbraba el agotamiento de las fuentes diamantíferas indias, inmensos aluviones fluviales que se agotaban como rédito al encantamiento del hombre.
Brasil, tesoro de la naturaleza
Entrado el siglo XVIII, el gigante Brasil se convierte en el principal abastecedor de diamantes, con gemas de estupenda calidad y tamaños escasamente grandes. Durante décadas los barcos llegados desde las costas brasileñas son la principal vía de entrada de los diamantes en Occidente, y anticipo del descubrimiento más asombroso que deseaban los artesanos y comerciantes de entonces, minas de diamantes maravillosos.
1866, Sudáfrica
Con los yacimientos descubiertos en 1866 cerca del río Orange en la región Kimberley de Sudáfrica, regresan las piedras de gran tamaño y aparecen gemas de colores raramente vistos anteriormente. Pronto, los diamantes azules serán considerados tesoros de África del Sur. Y la demanda de las fabulosas gemasque llegan de las bienvenidas minas africanas relanzará el consumo de joyería coincidiendo con la revolución industrial que se vive en los primeros países industrializados del mundo.

Antes de 1900, los primeros trabajadores de las minas de De Beers
La aparición de hermosos y grandes diamantes brutos dispara la fiebre en Kimberley, que pasará a denominar la única fuente primaria de diamantes conocida hasta entonces, rocas volcánicas "kimberlitas". Esta oleada de exploradores de diamantes atrae a los aventureros Cecil Rhodes y Barney Barnato que se asocian en el año 1889, adquiriendo la concesión minera De Beers Consolidated Mines Ltd. a los hermanos De Beers, que vendieron sus tierras por varios miles de libras esterlinas de la época.
Era un capítulo más del inicio de unas décadas asombrosas. Lejos quedaba todavía la Gran Depresión.
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Poderoso talismán
El diamante simboliza pureza, salud, amor, riqueza, y un sinfín de valores que perduran en el tiempo. Pero por encima de todo, el diamante simboliza la magia y la fantasía.
En el misticismo de India, el diamante desde los tiempos ancestrales ha sido considerado como un generoso talismán que protege a su propietario, y también como parte de aquellas culturas, símbolo de la virilidad y el coraje masculino.
Su brillo adamantino y la dispersión de la luz que produce cuando está magistralmente tallado, dificultad que solamente se supera con mucha técnica y conocimiento, le proporciona tal cantidad de belleza que resulta extremadamente atractivo y fascinante para la mayoría de los mortales. Y lo convierten en un poderoso talismán.
Luz que cautiva
En la imagen superior, se aprecia el influjo luminoso que puede provocar un haz de luz láser sobre un hermoso y puro diamante de 66,595 quilates.
La fotografía fue tomada por Toshifumi Kitamura mientras una modelo sujeta un diamante entre sus dedos durante un evento celebrado por la embajada de Sudáfrica en Tokyo el pasado mes de agosto de 2005 denominado "Gifts From Nature: Diamonds and the Rhythm of Life" y auspiciado por The Diamond Trading Company Limited.
El diamante cautiva por sus destellos, y por la fuerza natural que lo hace resplandecer. La contemplada magia de su resplandor se debe a que posee un alto índice de refracción de la luz y una poderosa naturaleza fraguada durante billones de años capaz de dispersar cualquier rayo de luz por diminuto que sea, convertido en un hermoso abanico de múltiples colores y fuego salvaje.
Los diamantes como las sencillas gotas de agua, se comportan como primas frenando las diversas longitudes de onda de los rayos de luz blanca, y provocando un arco iris de brillo y destello.

Inagotable fuente de ensoñaciones
El poder mágico de los diamantes
Los diamantes son "piedras de carbón" con miles de millones de años de antigüedad. Algunas de estas gemas han adquirido rango propio por los acontecimientos que rodean a su existencia, fiel reflejo de la magia y misterio que desprenden. Uno de los ejemplares más peculiares es el diamante negro denominado Black Orlov, que está ligado a hechos inexplicables, o puras coincidencias.

Black Orlov
Bajali, he likes diamonds
De nuevo con las creencias de la mitologí hindú, los diamantes son considerados gemas con poderes cósmicos y aquellos que luzcan y adornen su vestimenta con un diamante atraen los poderosos efectos del amor, la procreación, y la inmortalidad.
Con su influyente y poderosa fuerza sobrenatural, el diamante adquiere protagonismo en los importantes momentos de la vida cotidiana y en los cultos a las deidades hindúes. En la ciudad de Madras, al noroeste de Chennai, una deidad situada en el interior de un templo excavado en una roca negra, con nombre Bajali, hecho en oro macizo que alcanza una altura de tres metros, luce una corona de diamantes con más de 28.000 piedras preciosas, alcanzando la "joya" un peso de 27 kilogramos.
Muy popular en la secular India, sus manos y orejas también están adornadas con las brillantes gemas. Los devotos realizan ofrendas para recibir su influencia, acontecimiento todavía cotidiano de una herencia histórica de la profunda religiosidad hindú. "He likes diamonds", comentaba una matrona y ardiente devota del ídolo de oro y diamantes.
Como dijo el historiador romano Caius Plinius Secundus, los diamantes son regalos de los Dioses.
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"Diamonds have nourished men’s fantasies and are synonymous with power, not even human, but from non human, divine forces.They are a gift from the Gods"
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Continuará.
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